Hominis tota vita nihil aliud quam ad mortem iter est.
[Toda la vida de los hombres no es más que un camino hacia la muerte]
Séneca

Azogue

Azogue.

La RAE nos dice lo que significa: 

azogue1.

(Del ár. hisp. azzáwq, este del ár. clás. zāwq o zā'ūq, y este del pelvi zīwag).

1. m. Quím. mercurio.

2. m. Cada una de las naves que se destinaban al transporte de azogue de España a América.

ser un ~.

1. loc. verb. coloq. Ser muy inquieto.

Azogue.

Ahora mismo es la sensación que me invade sentado aquí. La única sensación. Me refiero a estar inquieto, no al mercurio.

Es una sensación de que ya nada me satisface sino ella misma, tirana y omnipresente como una vibración de cada célula de cada uno de mis cinco sentidos. Mi organismo la necesita, la espera con ansiedad como si fuera el mono de cualquier droga; hasta que se produce la rápida vibración que no me alivia nada más que un instante, dejando paso nuevamente a un periodo de espera y ansiedad más fuerte por la próxima vibración. No deja que ninguna otra sensación se manifieste, ahogando cualquier otra sensación sin escrúpulos en un mar de vibrante mercurio. No importa si es una sensación de gozo o tristeza, placer o dolor.

Recuerdo que es mi compañera de viaje desde hace media eternidad, acompañando las pulsaciones de mi corazón con una vibración extra de inquietud. Desde hace tiempo voy sintiendo como las vibraciones se hacían más frecuentes, más y más necesarias, hasta llegar a acompañar todas las pulsaciones de mi corazón, hasta necesitar que mi corazón lata con mayor frecuencia para obtener mi preciada vibración, hasta llegar a traspasar de mis circustancias a mi yo.

El mejor chuletón no aliviaba mi hambre, es imposible disfrutarlo sabiendo que cuando acabe con él me sentiré igual de insatisfecho que cuando empecé. Mi olfato y mis ojos reconocen el chuletón, la memoria me hace salibar, pero no me emociona. Me apetece, porque no hay ninguna razón para que no me apetezca, pero no más que un plato de brocoli de hace dos días.

Han sido días… insustanciales. El buen trabajo y sus rentas durante la media eternidad antes de conocer el azogue me han permitido disfrutar de un cómodo vacío la siguiente media eternidad. No me ha faltado trabajo, que me ha dado tan grandes satisfacciones sin sabor, que me ha obligado a superar tan grandes obstáculos sin llegar a tocarme la fibra del orgullo, que me porporcionado tantas boteadadas caídas en músculos adormecidos.

Me han conducido a través de una ténue duermevela, sin rumbo y sin razón para cambiar de rumbo. Ningún estímulo ha sido tan vivo como para despertarme, nada me ha satisfecho ni aburrido lo suficiente como para dormir plácidamente.

Ahora, justo antes de que el sol esconda las estrellas, estoy donde siempre he querido estar, sentado a la orilla de un mar que parece infinito e intemporal. Cada ola que resbala en la arena ante mi parece contar historias atemporales de todos los lugares por los que ha viajado y viajará, de todos los seres con los que se ha encontrado y se encontrará, de todas sus esperanzas y miedos, creando una atmósfera que me aisla y a la vez me conectá más con todo.

Y después de un rato de aclimatación, empiezo a ser más consciente de las rítmicas pulsaciones del mar cuando rompre a mis pies, más consciente de mí mismo y de las pulsaciones de mi cuerpo, mientras el peso del espacio y del tiempo se van diluyendo. Poco a poco, las pulsaciones del mar que empujan por penetrar se sincronizan con mis propias pulsaciones, esas que me envolvían en mi estado de azogue, que sufren por salir.

De repente me he dado cuenta de que parecen contrarrestarse entre sí, dando lugar a una extraña sensación de equilibrio. Extraña, porque hacía tanto tiempo que no la percibía que parece que se ha hecho el silencio después de vivir durante años en un aeropuerto. Y en ese momento de calma y paz tras una intensa tormenta tan duradera veo claro que es el momento de condensar todo mi azogue en estas lineas de tinta sobre un papel, encerrarlo en una botella para abandonarla sobre el mar inmenso. 

En breve estaré observando fijamente la botella alejarse de mí flotando en las mismas olas que se chocarán con mis pies sumergidos hasta las rodillas. Súbitamente me daré cuenta de que estaré escuchando las vibraciones del mar y también el silencio que delatará la ausencia de mi azogue que se aleja flotando, hasta perderle de vista, para no volver a ser mi antiguo íntimo compañero. Levantaré la mirada y la fijaré en el horizonte atemporal que puede llevar la botella a cualquier lugar, esperando que las olas que te transporten estas lineas, querido lector, te transporten mi sonrisa y la cálida sensación de bienestar que me recorrerá.

Será entonces, ya de espaldas a tí lector, cuando iniciaré nuevamente mi propio camino, sin pensar más en lo afortunado que he sido en el pasado ni en lo desgraciado que era hasta que me senté en esta orilla. Los primeros rayos del sol del día me envolverán de camino a la orilla, la suave brisa y el agua me refrescará en mi avance hasta la arena, lo único que unirá mis pies descalzos a la Tierra. Serán mi único arsenal para afrontar un nuevo día y construir mi futuro.

Y será suficiente. 

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