Estimados defensores del canón digital
Recuerdo los tiempos analógicos. Eran buenos y felices. Podías copiarte una cinta para poder escucharla en el coche, o en casa, y tener tu copia de seguridad, y nadie te llamaba ladrón, y nadie te multaba por considerarte un ladrón. Además, las cintas y vinilos pasaban de generación en generación.
Llegaron los cds, el principio de la era digital y el principio del fin de la cultura según ustedes. Cual adolescente, la cantidad de dinero que gestionaba creció, y de repente me compraba el doble de cultura que antes. Cual adolescente, descubrí que es mucho más fácil perder la información en este soporte que en un vinilo o una cinta.
Recuerdo el primer cd de bon jovi que me compré, me duró una semana antes de rallarlo. O las BBC Sessions de Led Zeppelin, regalo de cumpleaños, perdido en alguna mudanza aunque grabado a fuego el gallo de Plant en Inmigrant Song.
Pero como no existía el canón digital, no tenía derecho a realizar una copia privada de mis productos culturales. Y hoy pago las consecuencias : no tengo ese disco de Bon Jovi, ni ese regalo de Led Zeppelin a la humanidad.
Por eso les ruego que insistan en su causa, no cejen en su defensa de la difusión de la cultura, patrimonio de los seres racionales y sociales.
Perseveren en su lucha contra el diablo digital que tan fácil destruye la cultura, y volvamos a la escritura sobre piedra que ha perdurado milenios como demuestra la cultura egipcia, avanzados defensores de su causa.
En el caso de que esta sociedad tan decadente no les permita conseguir tal objetivo, no duden en defender la alternativa racional: su derecho al canón como creadores y generadores de cultura, y nuestro derecho como consumidores de cultura a preservarla.
Así, el pago del canón y el ser considerado un ladrón por la ley que me multa aún antes de haber cometido delito alguno, es un precio demasiado pequeño para conseguir que si pierdo mi cd la SGAE (receptora del canón) me mandará otro cd gratis con el mismo contenido que compré, ya que yo compré el contenido cultural y no el soporte; que si pierdo mi libro en el metro, la SGAE me facilitará otro, y aún más, el enlace para poder descargármelo por internet en formato PDF para leerlo desde el ordenador y evitar emisiones de CO2.
Atentamente,
algien que no les llama gillipollas (aunque lo piense) porque me consideren un ladrón sólo por vivir (y llamármelo a la cara tan ricamente).
PD, espero que me envíen a casa un cd con los discos que perdí, o al menos los dos mencionados en el post.



























