De Lugo y las meigas
Nunca quise traspasar esa frontera, la frontera entre lo que parece ser real y lo que parece ser de otro mundo. No sabía si querría volver a traspasarla de vuelta.
Una vez estuve en esa frontera, en el finisterre de nuestro mundo real. Galicia quedaba al otro lado de esa frontera descendiendo una ladera nevada, gris y oscura en la que se podía distinguir únicamente un cartel que ponía "Piedrafita do Cebreiro". De espaldas a esa frontera se podía contemplar un valle verde y colorido, soleado entre las altas nubes grises y que curiosamente ansiaba estar al otro lado de la frontera.
Tras muchos años de dudas, finalmente crucé esa frontera. Esperaba ver las cosas tan distintas como en un sueño, las gentes tan diferentes como en un cuento de mitología griega. Y sin embargo todo parecía normal, la comida sabía igual, las bebidas eran las mismas que ya conocía, las personas eran igual salvo por su forma de hablar que yo imité rápidamente a pesar de mis años anteriores de lucha contra cantar en lugar de hablar. Supongo que esperaba encontrar sirenas gritando con un megáfono en mano y meigas por todos los rincones acechando con hechizos indestructibles.
Yo crucé contento por mi vida a este lado de la frontera.
Tengo la casa que quiero en este infierno, ático grande y soleado rodeado de árboles y parques con la calle más cercana a casi 500 metros y aparcamiento de sobra para el coche, viejo, que yo quiero. Pero está en el infierno.
Siempre he tenido trabajos bien comunicados, a media hora andando, 20 minutos andando y 20 minutos en metro, ahora 20 minutos en coche sin tráfico… Pero no me echo siesta ni cafés de 3 horas a la hora de comer, ni hago todos los recados en un día, ni estoy en el centro en 5 min. andando.
Vivo en mi "barrio", conozco a gente que vive a 15 min. andando, y más gente que vive a 30 min. andando, pero nos dedicamos el tiempo "basura" que nos queda después de trabajar y lo demás. Quedar es la excepción.
Y el resto de la gente ? Nada más volver un vecino me increpa a las 8:00 de la mañana por dejar mi coche en su propiedad privada (que naturalmente no es suya), y la médico me tiene más de una hora esperando para luego preguntarme si tengo fiebre en lugar de tomarme la temperatura y despacharme en menos de 3 minutos con un jarabe después de decirle que me duelen la cabeza y el pecho.
Quizás las sirenas sí griten pero yo esté sordo; quizás las meigas están tranquilamente a tu lado esperando que las saludes. Quizás a este valiente le falte valor para encontrarlas.
Y ahora seguiré escuchando más silencio de las sirenas mezclado con el ruido estridente y monótono de trolls, cubierto de hechizos de meigas mezclados con la polución de este aire viciado. Al menos ahora sé que el mundo de sueños está a este lado de la frontera.
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Dianita dijo
11 de May del 2009 a las 3:41 pm
Después de leer…y escuchar tu viaje…sólo tengo palabras que seguro ya conoces…
“adios ríos adios fontes…adios regatos pequenos…
adios vista dos meus ollos non sei cando nos veremos (…)”
Las sirenas esperan que vuelvas pronto