Si no puedes gobernarte a ti mismo... ¿cómo sabrás gobernar a los demás?
Confucio

Calas Coves

Siguiendo con nuestro camino al Sur de la isla de Menorca, hacia el Oeste, llegamos a este paraje intemporal y personal, Calas Coves. Y como sugiere su nombre, podemos encontrar cuevas, o algo parecido para que no me llamen mentiroso.

No se trata de una playa blanca y ancha, más bien es lo contrario, dos pequeñas calas rocosas de difícil acceso protegidas por un acantilado en forma de Y con brazo caído y más largo que el otro. Por tanto no se trata de una cala urbanizada, aunque nos podemos encontrar una casa construida en la escarpadísima ladera y un par de ellas en el camino de acceso.

Qué ofrece Calas Coves al visitante que desafíe sus adversidades ? En la pared caliza del acantilado se puede practicar escalada; hay construido un muy pequeño embarcadero; la vegetación verde y frondosa que rodea este paraje parece aislarnos del mundo; podemos encontrar un manantial de agua dulce; el fondo rocoso es un lugar excelente para el snorkel por la composición rocosa del fondo y la entrada al mar alarga y estrecha que protege de las corrientes; ofrece una magnífica vista desde la cima de los acantilados.

Y podemos encontrar cuevas. Puede que el sustantivo “cuevas” no sea el que mejor lo describa. Se trata en realidad de una gran concentración de túmulos funerarios construidos en la Edad de Bronce (1200 al 750 aC) y en la Edad de Hierro (750 al 123 aC) construidos principalmente en la escarpada ladera este y en su cima. En la época hippi fueron habitados y hoy se pueden ver restos de esa ocupación. Una necrópolis reviviendo en un poblado hippi.

Toda Menorca está salpicada de cuevas de este estilo, algunas naturales, y algunas habitadas hoy día. Legalmente se pueden reclamar en propiedad después de habitarlas unos años.

Pero es en Calas Coves donde mejor se capta ese espíritu atemporal y desconectado de la realidad del día a día. La vegetación parece envolver el paraje y separarlo del mundo terrestre, la estrecha boca que da salida al mar es el camino a recorrer hacia la inmensidad desconocida y no terrestre, en un lugar contemplando la misma puesta de Sol que la que se vio ayer y hace miles de años y sin embargo sientes en cada ondulación del agua el efecto erosionador de la roca modelando la cala imperceptiblemente a la vez que puedes sentir los millones de miles de millones de ondulaciones anteriores y su efecto.

Curiosamente no eres capaz de sentirte conectado a la siguiente puesta de Sol, ni a la siguiente ola, ni al siguiente amanecer. No hay mañana.

No la visites tu primer día, y tampoco la dejes para el último.

Las fotos que os dejo no son un sustitutivo para esta sensación única.

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