Los de las tierras del Norte aprenden pronto la futilidad de las palabras y el valor inestimable de los hechos.
Jack London

Nos vemos, Andrés

Inesperada noticia, inesperado final, pero que le encaja como un guante en su vida. Andrés Montes nos deja de forma repentina e insesperada en su casa de Chamberí. No suelo hacerme eco de este tipo de noticias, pero Andrés merece esta entrada.

En la memoria de todos los aficionados al baloncesto NBA quedará la pareja formada por tí y por Antoni Daimiel, cracks por separado y megacracks juntos. En la memoria de los aficionados a la selección española de baloncesto quedarán fusionados sus éxitos con tu locución. Un profesional único, capaz de marcar un antes y un después, de crear un diccionario propio que se convertirá en tu legado. Pero desgraciadamente pasarás a la memoria de este país por el estéril fútbol, la que te dió una fama que nunca digeriste.

Recuerdo cuando tú y yo nos cruzamos hace tantos años, sólo un instante que se ha quedado clavado como una espina inamovible, paseando en direcciones contrarias un soleado pero no cálido sábado por la mañana en la parte alta de la Castellana. Un dandy se aproximaba, con un porte tan atrevido y personal irrandiando un aura de marca personal intransferible imantando miradas, y a la vez tan inseguro en tu caminar que parecías pedir en cada movimiento que no mirasemos. Un tipo único tan disitinto a todos como parecido en lo esencial.

No eras tan bajito como pensaba, ni tan negro; tampoco eras tan blanco, ni tan redondo, tu cara sí pero tu cuerpo parecía un óvalo. No podía creer que llevases esa pajarita ni las gafas por la calle, pensaba que formaba parte del personaje y no de la persona. 

Nunca presto atención a un famoso. Los dignos de desprecio no se merecen mi tiempo (odiar a algien es darle demasiada importancia, como reza una de las frases que acompañan esta bitácora), y los dignos de admiración también merecen descanso de su pesado lastre. De aquí mi dudar en esos instantes, y mi espina clavada.

Por eso en nuestro encuentro, no quería molestar a quien considero digno merecedor de admiración, y a quién quería obsequiar con mi respeto silencioso, más cuando se te veía incómodo en un lugar público.

Pero también quería aprender de ti, de alguien tan único. Estaba seguro que una palabra tuya era un momento único merecedor de ser vivido, incluso un simple hola. También quería presentarte a mi querida acompañante ya que por aquel entonces te conocíamos los que seguíamos el baloncesto de madrugada y ultramar, y no los periodistas académicos, .

Pasamos mutuamente de largo. Después comprobé incrédulo como mi acompañante periodista, compañera de profesión que no de titulación, no te reconoció, ni siquiera te conocía. La vida es una secuencia de pequeños momentos, momentos como éste. Y la vida puede ser maravillosa, Andrés.

Maestro, nos vemos.

No related posts.

1 Comentario hasta el momento »

  1. Banyú dijo

    19 de October del 2009 a las 11:13 am

    Descanse en Paz.

Comentarios RSS · TrackBack URI

Dejanos tu Comentario

Nombre: (Requerido)

E-Mail: (Requerido)

Sitio WEB:

Comentario:

Comenta