Cada vez sabemos más, y cada vez entendemos menos.
Albert Einstein

Canción del Pirata

Escribo por fin esta entrada que llevaba mucho tiempo queriendo publicar, La Canción del Pirata de José de Espronceda. Transcribo el estribillo varias veces porque me disfruto con cada tecla y con cada palabara que leo.

En mi hulmide y apócrifa opinión, es la mejor poesía escrita que yo haya leído en nuestra lengua, sientes la bruma en la cara, se te llena el pecho de libertad mientras fijas la mirada en nuevas costas y desafíos desconocidos, así como al traslucir una parte de la esencia humana : estás lineas escritas por algien que probablemente jamás vivió (ni sufrió) la vida pirata, tornando en envidiable y modélica una de las vidas y profesiones más viles y crueles.

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:

Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A destacar también la Canción de Tierra Santa, que no desmerece en nada la gran obra escrita. Aquí una versión completa.

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1 Comentario hasta el momento »

  1. inmortra dijo

    15 de February del 2010 a las 4:15 pm

    Hacía muchísimo que no entraba a leerte…

    y me encuentro con esto !!!

    qué recuerdos me trae esa canción !!! la tocábamos en el grupo super jevilongo jejeje

    por cierto, ya estoy en madrid, a ver si algún día nos tomamos una cervecica ;)

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