La actual relación entre las lagartijas y la isla de Menorca, a nivel de ser éstas su icono, por lo visto proviene de unos reptiles tailandeses que venían dibujados en telas y otros artículos para turistas. Al menos esto me contó un vendedor ambulante. La imagen previa de la isla era la de un burro (que vendían en pegatinas, camisetas y de más souvenirs) y la de la lagartija la ha ido suplantando en los últimos años.
Pues bien, en la isla principal hay dos tipos de lagartilas: la Lagartija Italiana (Podarcis sicula), que se introdujo en la isla antiguamente y la Lagartija de Marruecos (Scelarcis perspicillata), que llegó a Menorca probablemente en barcos en el siglo XVIII.
La auténtica Lagartija Balear (Podarcis lilfordi), se extinguió hace muchos años de la isla principal (hay fósiles que muestran que hace tiempo vivió en ella), bien cazada por depredadores que el hombre introdujo, como las martas y las comadrejas, o bien desplazada de su hábitat al competir con la Lagartija Italiana, que es más fuerte.
Actualmente la Lagartija Balear vive en islotes costeros de Menorca y Mallorca y en el archipiélago de Cabrera, donde ha llegado a diversificarse en 23 subespecies diferentes, con diferentes colores, tamaños y estrategias de vida.
En Menorca es muy famosa la subespecie de la Isla del Aire, frente a Punta Prima, que es muy abundante, tiene un tamaño considerablemente grande y es negra azabache con el vientre desde azulado a violeta o gris. Se cuenta en Menorca que si se saca una lagartija de la Isla del Aire, ésta se vuelve verde. Esto no es para nada cierto, como es obvio, pero es quizá la forma tradicional que la gente tiene de decir: "no muevas a las lagartijas de su islote".
Esto es muy importante, ya que cada población lleva miles de años evolucionando de forma separada en su islote, aislada del resto, y mezclarlas sería desastroso. Son formas únicas que tienen una gran importancia para el mundo por su exclusividad, a las que hay que respetar sobremanera, ya que convierten Menorca y a cada uno de sus islotes en únicos.
La población más diferenciada de todas se encontraba en la Isla de las Ratas, en el puerto de Mahón, y desapareció totalmente cuando dinamitaron la isla para agrandar el puerto por los años veinte del siglo pasado. Ese fue un desastre puntual que esperamos no se vuelva a repetir, pero hay que ser bien conscientes de que además de nuestro patrimonio histórico, hay que conservar el natural, que además está vivo y lleva aún más años que nosotros allí.
Escrito por yonini.
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Mi reflexión, simplemente recordar dos frases que acompañan esta bitácora:
Una era construye ciudades, una hora las destruyas
Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta de que no puedes comer dinero