Diseño top-down, o cómo jugar al Golf
Llevo toda una vida pensando primero de arriba a abajo, de lo general a lo particular, es decir primero visualizo el problema, exploro la solución más óptima para elegir/construir las herramientas y componentes que mejor se adaptan, para finalmente retocar la solución de abajo a arriba ya que en todo este proceso puedes haber descubierto una solución más óptima, o mejores herramientas, mejorar o corregir fallos en el diseño y/o implementación…
Este proceso es como jugar un hoyo de golf.
Cuando te enfrentas a un hoyo, lo primero que haces es estudiarlo para encontrar el plan más óptimo según el hoyo, la meteorología, tu equipo, la variedad de golpes de tu repertorio y tu habilidad para ejecutarlos.
En un circuito profesional embocar de un golpe es improbable cuando no es imposible, así que el objetivo real del primer golpe es alcanzar primero un objetivo más genérico, el green, con una superficie de unos 500 metros cuadrados, en el menor número posible de golpes. Si el green está fuera de tu alcance actual, buscas una posición óptima, estable y segura en la calle que te permita acceder al green en el futuro más inmediato posible.
Si el green estuviera exageradamente fuera de alcance incluso con varios golpes, por ejemplo en un hoyo de 500 metros si sólo eres capaz de alcanzar 50 metros por golpe, no te molestes en trazar un gran plan, sólo en que tu actual golpe te deje en las mejores condiciones posibles para el próximo.
En cada golpe (iteración) te replanteas la situación, las condiciones meteorológicas, los obstáculos presentes y futuros (Riesgos potenciales), seleccionas una herramienta y cómo utilizarla, ejecutas el golpe y compruebas el resultado.
No siempre el resultado del golpe es el esperado: fallos en la estrategia o en la ejecución, obstáculos previsibles (fuera de límites, agua, bunker, árboles) e imprevisibles (ráfagas de viento, botes inesperados, animales…). Riesgos que se han materializado.
La desviación del objetivo suele traer consigo una serie de problemas e incluso penalizaciones: podemos alcanzar el lado no óptimo de la calle o el semi-rough que rodea la calle con la hierba más alta (menos potencia al golpe, menos precisión), que limita con el rough que es hierba sin cuidar o directamente suelo, algún obstáculo (árbol, bunker, agua) o salirnos del campo (fuera de límites) que nos obliga a volver a lanzar desde el mismo lugar y además nos penaliza.
En ocasiones sin embargo la suerte nos sonríe: un árbol, piedra o animal nos evita salirnos de calle o caer en un obstáculo. Es algo que raramente ocurre y es el peor veneno para los necios: cuanto peor es su situación más confían en esta suerte, porque les ocurrió en una ocasión y ahora esperan que les ocurra siempre.
Resulta vital saber cuándo avanzamos más frenando o incluso retrocediendo. Puede ser más seguro utilizar un hierro en lugar de una madera para sacrificar metros por precisión, o dejar un siguiente golpe más largo por el elevado riesgo del actual, o avanzar sólo unos metros pero asegurarnos de que volvemos a calle, incluso si eso significa retroceder. Es de cobardes retroceder siempre, pero de sabios acertar cuándo se debe retroceder.
Según nos acercamos cobra más importancia la precisión, hasta que finalmente alcanzas el objetivo deseado: el green. Pasamos de un objetivo general y difuso a un objetivo muy específico de 108 milímetros de diámetro. Si no te sales del green tarde o temprano embocarás, pero de nada sirve recorrer 500 metros en 2 ó 3 golpes si necesitas 7 para los 5 metros que te quedan: es el momento de la verdad, el que marca si tiramos por la borda todo el trabajo anterior.Leer su relieve es imprescindible para acertar, todo lo que no llega no entra, nunca salirse del green.
Et voilá, has embocado. La práctica lleva a la perfección, a elaborar mejores planes, a comprender mejor los riesgos, a decidir mejor, a ejecutar mejor.
En la vida real sería más loco y divertido jugar en ocasiones como si estuvieras jugando al croquet en el País de las Maravillas, con una Reina de Corazones cambiando las reglas del juego mientras ordena cortar cabezas, un Conejo Blanco que llega tarde a cambiar las banderas de los hoyos entre sí convirtiendo el hoyo que estás jugando en el número 5 en lugar del 2, Jardineros tapando el hoyo cuando estás preparando el putt mientras hacen otro agujero en otra parte del green, y un Naipe pasando el cortacésped cuando ejecutas el golpe.
En el software es casi siempre así, no hay margen para el aburrimiento
.
PD, efectivamente, estoy planteándome volver al golf en el mejor campo que he conocido, en Zarapicos, Salamanca.






